Fueron demasiados los espacios entre una y otra aparición de las diferentes autoridades de La Moneda en medio de una crisis política y social nunca antes vista desde el retorno de la democracia. En medio del caos que reinó en gran parte del terreno nacional, desde el día viernes y hasta la madrugada de este domingo, la ausencia de directrices dirigidas a la ciudadanía, de la presencia mínima del Gobierno, dieron cuenta del vacío político en que se encuentra el Ejecutivo, y del que no ve salida.

El último mensaje del Presidente, en la tarde del sábado, en el que anunció que rebajaría el alza de los pasajes llegó tardío. Desde las primeras horas del día, las demandas ya habían superado el tema del Metro y se extendían a todo el espectro de desigualdades que existen en Chile, por lo que el mensaje de la tarde no tuvo efecto alguno. Los ánimos a esa hora hacían presagiar que la noche sería a un peor que la del viernes. Y así fue.

El toque de queda anunciado por el general Javier Iturriaga, en lugar de aplacar los focos de violencia, lo intensificó. Las llamas se propagaron a regiones. La manifestación social desafió el toque de queda y las ciudades de Santiago, Valparaíso, Rancagua, La Serena y Concepción se volvieron a a convertir en la Roma de Nerón. En horas de l madrugada, la Intendencia confirmó que tres personas habían muerto calcinadas en San Bernardo. ¿Y dónde estaba Chadwick?

El desaparecido

La presencia tardía del Mandatario -el día sábado- en donde llamó tener claridad de en qué bando se estaba, y sin haber entregado señales claras de una eventual resolución o propuesta capaz de amagar en algún grado una revuelta que se tornó incontrolable para el Gobierno, se sumó a la inexistencia de la figura del ministro del Interior, Andrés Chadwick, el responsable de la seguridad pública del país.

Más allá de las reuniones llevadas a cabo en Palacio, en las que se consideró a personeros del oficialismo, y también alcaldes de la Región Metropolitana, una vez recrudecido los incidentes en cientos de focos a los largo de la capital y en distintas regiones, tuvieron que pasar cerca de seis horas para volver a escuchar al Mandatario, en el intertanto, -y fue una crítica en Chile Vamos- el jefe de Interior brilló por su ausencia. Aquello se tornó en ácidos cuestionamientos que apuntaron a una mayor incertidumbre que, como factor, sumó para el alza en la temperatura social, y que habría, además, terminado por evidenciar la incapacidad de control y respuestas de parte del Gobierno.

La última vez que se le vio al jefe de seguridad fue el día viernes, quien a eso de las 19 horas, y ya con las manifestaciones que amenazaban con desbordarse , dejó pasar la oportunidad de haber cambiado el destino que terminó transformándose en la derrota más grande de esta administración. El haber salido a criminalizar los hechos que se estaban sucediendo, con el agregado del anuncio de la invocación de la Ley de Seguridad del Estado, y sin ningún gesto hacia el fondo de la problemática que denunciaba la calle, terminó por ser catalogado como el hito político que marcó el desbande. Evidenció la total desconexión con lo que estaba pasando frente a sus ojos.

La ausencia del ministro, durante todo el día sábado, llevó incluso a analistas de su propio sector, no solamente a cuestionarlo, sino que también a ningunearlo. A través de las redes sociales, Francisco Javier Covarrubias se preguntó a eso de las 23 horas ¿Dónde está el ministro del Interior?, comentario que fue replicado por Patricio Navia con un “hace meses que no está”.

Con una oposición que también se ha visto superada e invisible, fueron las voces del propio oficialismo las más categóricas al señalar que lo poco que le quedaba de línea de crédito a Andrés Chadwick, claramente se “consumió debido al mal manejo, nuevamente, de una crisis de gran magnitud”, recordando el caso del asesinato del comunero, Camilo Catrillanca.