Finalmente y tras una maratónica jornada de negociación de 15 horas, el oficialismo y la oposición sellaron el acuerdo para una ruta constituyente, un anuncio clave para comenzar a poner el epitafio a la Constitución de 1980.

En la sede del Congreso en Santiago, los parlamentarios comunicaron pasadas las 2 de la mañana los detalles de un acuerdo histórico, que La Moneda monitoreó sólo a la distancia, y que busca dar una salida a la aguda crisis social y política que este viernes cumple exactamente un mes.

El entendimiento “por la paz y la nueva Constitución” estuvo a punto de fracasar, y por momentos llegó a un punto muerto, primero debido a la postura de la derecha de cerrarse a la idea de un plebiscito de entrada, un requerimiento que era intransable para la oposición porque así permitía abrir la discusión sobre el mecanismo.

Otro punto complejo fueron las exigencias del ala más a la izquierda de la oposición de exigir sí o sí una Asamblea Constituyente, la fórmula reivindicada por el bloque desde la DC hasta el Frente Amplio, en la inédita declaración unitaria del martes pasado.

El consenso

Sin embargo, pese a que las posiciones parecían irreconciliables, después de las 15:30 horas continuaron las tratativas en el edificio parlamentario. El diálogo desde la UDI al Frente Amplio -sólo se automarginó el Partido Comunista- se reactivó y cerca de las 21 horas, todo indicaba que finalmente saldría humo blanco.

Incluso, surgieron detalles del entendimiento, con la opción de un plebiscito de entrada y la alternativa de la Asamblea Constituyente en la consulta, dos conceptos que 24 horas antes parecían absolutamente fuera de la órbita de la derecha.

El consenso también representa un claro avance en términos del mecanismo, dado que ambas partes acordaron que en dicho plebiscito se someta a consulta dos alternativas, bautizadas ahora como Asambleas Ciudadanas: una Convención Constitucional (100% delegados electos) que en los hechos corresponde a la Asamblea Constituyente; o una Asamblea o Convención Mixta Constitucional, compuesta por el 50% de parlamentarios en ejercicio y 50% de delegados electos. También habrá un plebiscito de salida, o ratificatorio.

Senadora Jacqueline van Rysselberghe

La fórmula de 50%-50% también representa un avance respecto a la respuesta inicial de Chile Vamos, que había ofrecido un mecanismo de 40% de parlamentarios en ejercicio- 40% de delegados electos y 20% de ciudadanos designados por la misma asamblea, una propuesta rechazada de plano por la oposición que la calificó derechamente como una “burla para la democracia”.

El plan contempla además que el plebiscito se realizaría en abril de 2020 y las elecciones para la asamblea encargada de redactar a nueva Carta Fundamental se concretarán junto con la elección municipal y de gobernadores de octubre del próximo año, bajo las reglas de la elección de diputados.

En caso de elegir cualquiera de los dos mecanismos, la Asamblea Ciudadana tendrá como misión redactar la nueva Constitución desde cero, pero con acuerdos que requerirán un quorum de 2/3.

El quid del quórum

Este fue el punto que marcó el último escollo de la negociación. A las 21 horas cuando los micrófonos estaban instalados en una sala del ex Congreso para dar el anuncio, Mario Desbordes, presidente de RN, un partido que ha sido fundamental en generar este nuevo escenario, comunicaba que en media hora más habría una nueva reunión.

“Hay varias cosas en la que estamos de acuerdo; es muy distinto a lo de la mañana, cuando había un abismo”, decía, poniendo más suspenso a una jornada.

Mario Desbordes

La piedra de tope ahora estaba en el quórum, porque el oficialismo planteó que si la asamblea encargada de la Nueva Constitución no alcanza el consenso en ciertos capítulos, entonces prevalecería la versión consignada en la actual Carta Magna, vale decir la Constitución de 1980. Esta exigencia claramente resultaba inaceptable para la oposición que exige partir de cero, como una hoja en blanco, sin los resabios del texto promulgada por la dictadura de Augusto Pinochet. Con la frase “la nueva Constitución regirá en el momento de su promulgación y publicación, derogándose orgánicamente la Constitución actual”, se zanjó el punto.

Recién cerca de la medianoche, el senador PPD Felipe Harboe comunicó que el oficialismo había aceptado una propuesta intermedia, para destrabar el escollo del quórum, restando solo la redacción del acuerdo. “Los días de la Constitución de 1980 están contados”, resumía a esa hora el vicepresidente del Senado, el PS Alfonso de Urresti. “Comienza a morir la Constitución de 1980”, complementó el presidente del PPD, Heraldo Muñoz.

Recién a las 02:24 horas vino el anuncio catalogado como “histórico” por el presidente del Senado Jaime Quintana (PPD), quien presidió una testera acompañado del timonel RN Mario Desbordes, el PS Alfonso de Urresti, la presidenta de Revolución Democrática Catalina Pérez, el diputado de Convergencia Social Gabriel Boric y los PPD Heraldo Muñoz y Felipe Harboe más los timoneles de la UDI Jacqueline van Rysselberghe y del PS Alvaro Elizalde, y flanqueado por el resto de parlamentarios.

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