Hace una semana los estudiantes secundarios y secundarias retomaron las movilizaciones en las estaciones de Metro. Los y las protagonistas del llamado a la evasión masiva que dio el puntapié inicial al movimiento que ha tenido movilizado durante 40 días al país, y que logró abrir el camino a una nueva Constitución, una vez más han salido a la calle. Sus dirigentes y participantes aseguran que se han visto marginados de las discusiones, y no sólo del proceso constituyente acordado por los partidos políticos, sino que al interior de las propias organizaciones sociales.

Una marginación que ha sido parte de la historia del movimiento secundario reciente, iniciado con el Mochilazo del 2001, la Revolución Pingüina del 2006, el Movimiento Estudiantil del 2011 y el rol de las secundarias en el movimiento feminista, pioneras en poner en discusión la resistencia a hacer mixtos los liceos emblemáticos y denunciando el machismo en los colegios de hombres.

En el segundo gobierno de Sebastián Piñera, el movimiento secundario fue el centro de la política impulsada por la ministra de Educación, Marcela Cubillos, y su dupla política, el alcalde de Santiago, Felipe Alessandri. Durante los más de dos años de gobierno, la política educacional más icónica de la ministra fue “Aula Segura”, iniciativa que terminó con decenas de dirigentes y dirigentas secundarias expulsadas de sus liceos, y en varios casos, luego reintegrados por la justicia, lo que trajo consigo intensas protestas, además de la intervención de escuelas públicas de Santiago y una alta presencia policial en los denominados liceos emblemáticos.

Cabe recordar que la misma semana en que se iniciaron las evasiones, el ex presidente de Metro de dijo a los secundarios “cabros, esto no prendió”, la Cámara de Diputados había aprobó el control preventivo de identidad para menores de edad y el alcalde Alessandri había dispuesto de efectivos de Carabineros para revisar credenciales y mochilas de los estudiantes del Instituto Nacional, en medio de un momento alta crisis interna y violencia en el establecimiento. Políticas que, según los estudiantes, hizo un caldo de cultivo que dio vida al descontento que impulsó el movimiento del último mes, y que hoy se repite con la receta que ha impulsado la ministra Cubillos.

Rodrigo Pérez, presidente del Instituto Nacional, destaca ha habido “muy poco profesionalismo detrás de las propuestas de la ministra Cubillos y el alcalde Alessandri, son más que nada una especie de capricho. El alcalde Alessandri, con la revisión de mochilas, el Mineduc, con una política que estaba ausente y terminó siendo más un segundo ministerio del Interior, que de educación”. El dirigente secundario asegura que las autoridades tomaron a los estudiantes como un experimento, “creo que todos nos hemos sentido instrumentalizados”.

Es por esta razón que las declaraciones del alcalde Alessandri, a un mes del estallido social, llamaron la atención: “A muchas autoridades de gobierno les ha faltado calle. Y eso lo tenemos que reconocer”, dijo a La Tercera el edil que cerró el año en los colegios público de la comuna, sin consultar al consejo municipal, tras el fin del Estado de Excepción. Por otra parte, la ministra Cubillos, que había estado relegada de la primera línea del gobierno, esta semana volvió a la palestra con el anuncio de un proyecto que sanciona el adoctrinamiento político en colegios y jardines infantiles, una idea que ha sido altamente criticada por la oposición y los dirigentes estudiantiles, quienes acusan un retorno de la persecusión política en su contra.

Ayilen Salgado, estudiante del Liceo darío Salas y vocera de la ACES, asegura que siempre ha habido “una política de represión dirigida contra los secundarios y Aula Segura institucionaliza violencia en contra de los estudiantes, la ministra Cubillos hace esta ley para desarticular al movimiento estudiantil”. Eso, según la estudiante, no se tradujo en miedo, sino que en la pérdida del miedo.

La estudiante recuerda que la reacción “al principio fue súper espontánea y fuimos cuestionados, pero era algo que le afectaba al bolsillo de nuestras familias, siempre nos hemos movilizados, por las pensiones de nuestros abuelos, por la salud, pero ahora todo radica en la dignidad que fue robada por el mundo político, por los gobierno de la derecha y los anteriores”.

Asegura que en 41 días de movilización “no se ha llegado a nada” y que al movimiento social, especialmente a los y las estudiantes “nunca nos han querido escuchar, nos marginan y nos ven como seres que no piensan y que no inciden”.

Ciudadanos de segunda clase

En el mundo político y social, reconocen el rol que han tenido secundarios y secundarias, principalmente en la pérdida del miedo y el dar el puntapié inicial a la movilización. Muchos señalan que ellos abrieron el paso para el despertar del país, pero al mismo tiempo, no se les ha dado un espacio dentro de la institucionalidad acordada para participar, de forma vinculante -por ejemplo- en el proceso Constitucional.

En la discusión por la segunda parte del Acuerdo Constitucional, que sigue trabado entre los partidos políticos, la propuesta de que menores desde los 14 o 16 años puedan votar en los plebiscitos, es una de las iniciativas más resistidas al interior de los partidos, “ni siquiera se ha tocado mucho”, señala uno de los presidentes de partido que ha sido parte de las negociaciones. “Esto refleja que los jóvenes siguen siendo el vagón de cola”, agrega.

Martina Salgado, es parte del Centro de Estudiantes del Colegio Monte de Asís de Puente Alto, a sus 16 años asegura que le “ha tocado escuchar en reiteradas ocasiones comentarios como: ‘Ustedes son chicos, no saben lo que piensan’”. Pero, estudia en un colegio, “que en conjunto con los estudiantes, busca dar información y entregar las herramientas para tener una opinión propia. Además en las asambleas a las que he ido, me ha tocado ver gente tan joven como yo, lo que me hace sentir que las y los estudiantes secundarios les importa lo que sucede en la contingencia nacional”.

Asegura que la propuesta de participar en los cabildos municipales no es suficiente y que cree que los estudiantes secundarios deberían poder votar en los plebiscitos. “Gracias a nosotros es que se inició esta revolución, y muchos de nosotros y nosotras, somos personas de la clase social media y baja, y vivimos la realidad de estos 30 años desde el golpe. Sabemos del tema, les afecta a nuestros padres, abuelos, la educación que recibimos, entre otras cosas”.

Por su parte, Ayilen Salgado, destaca que como estudiantes secundarios han estado “en asambleas territoriales, nosotros estamos hablando qué país queremos”, pero siguen siendo marginados de las grandes discusiones que se están dando, y agrega que como ACES resolvieron salirse de la Mesa de Unidad Social, marcado por el próximo encuentro que tendrán con el ministro Gonzalo Blumel y por conflictos internos.

Respecto a la participación en los plebiscitos, Ayilen hace hincapié en que sólo el voto en el plebiscito no se arreglaran los problemas, pero que aún así, “es ridículo que seamos imputables y no nos den participación”.

Para Víctor Orellana, especialista en educación e investigador de Nodo XXI, “asegurar la participación de la juventud es la madre de las batallas, le debemos mucho a los secundarios y no sólo de ahora, desde hace una década que han sido la vanguardia, los más creativos del movimiento social”.

El especialista recuerda que ha existido una “subrepresentación de los estudiantes secundarios en los espacios unitarios de las organizaciones sociales, y es algo que me preocupa, eso es algo que no se lo vamos a atribuir al Gobierno, sino a las propias organizaciones sociales y que se debe cambiar”.

Respecto al proceso constituyente asegura éste “no es sólo la asamblea que se va a elegir, en cada escuela los estudiantes tendrán que tener participación más vinculantes, porque es cierto que más democracias trae más responsabilidad, pero nunca se les ha dado democracia a los secundarios”.

La diputada y presidenta de Convergencia Social, destaca que “apostamos a una participación activa desde los 16 años hacia arriba, incluso desde los 14 años”. “Se debe ampliar la participación en el proceso constituyente a los menores de edad, ellos han sido parte activa de estas demandas sociales, hemos visto como han sido los jóvenes que durante años han levantado demandas sumamente justas (…) creemos que quienes quieran influir no se les debe excluir”.

Medidas parche, nuevo caldo de cultivo

Según las estudiantes secundarias el gobierno ha impulsado políticas que no resuelven el problema de fondo y que son un caldo de cultivo para seguir movilizandose. Ayilen Salgado destaca que “por algo la gente se sigue movilizando, llevamos 41 días de movilización porque se entiende que no se ha ganado absolutamente nada”.

Señala que “el presidente lo único que dijo fue convocar a este Acuerdo por la Paz, el proyecto de las FFAA para resguardar instalaciones, las leyes anti-encapuchados y anti-barricadas, una respuesta que trae más violencia y criminalización. La ministra Cubillos y Alessandri, antes del estallido social se enfocaban en post de desarticular el movimiento estudiantil, nos tenían a carabineros metidos en los liceos todos los días y ya ven lo que lograron”.

Martina salgado asegura que “el gobierno hace oídos sordos respecto al tema de la contingencia nacional. Ponen “medidas parche” para intentar calmar al pueblo, pero las personas están cansadas de esto y por lo mismo siguen luchando por las cosas que quieren. Creo que para que esto comience a obtener una respuesta, o se pueda llegar a un acuerdo que le guste al pueblo, se necesita que alguien presente un papel sobre la mesa que presente lo que específicamente lo que se quiere”.

Cristián Leporati, especialista en comunicación política destaca que “la gran falencia” de autoridades como Alessandri y Cubillos, “básicamente pasa por una falencia de todo el gabinete, dice relación con la falta de inteligencia emocional, donde la empatía debía ser la gran estrategia comunicacional, vivimos una época compleja en donde la clase política debe entender la emocionalidad ajena, una política más humanista”, falta de empatía que se intensificaría con los estudiantes secundarios.

Asegura que “no hay que olvidar que vivimos en la era de las redes sociales, las que no olvidan y sus usuarios son la gente más jóven, a quienes han atacado la ministra de educación y el alcalde Alessandri”.