Desde el sábado 15 al domingo 16 de mayo se realizó “Overall, There is no Wall”, la primera exposición de arte en plena pandemia. La exhibición se realizó en #Oncanal, en Chinatown.

Una exposición artística en la ciudad de Nueva York, con un fuerte carácter transmedia, por su peculiar característica dada por el contexto donde se desplazan los códigos artísticos convencionales, y se rompen las fronteras estéticas y presenciales. Una muestra presencial, vacía, sin público, para trasmitirse por Zoom y diversas plataformas de redes sociales. Desde Chinatown, Manhattan, hacia al mundo, a través de Zoom.

Esta muestra de arte retrató el mundo como un todo: sin límites, sin muros. Siete artistas del Este y siete artistas del Oeste se reunieron para crear una mezcla de diferentes visiones del mundo a través del lente de la comunión y la armonía. Los países expositores fueron Chile, Argentina, Venezuela, México, Guatemala, Estados Unidos, Canadá, Holanda, India, China, Japón, Pakistán y Filipinas.

Arte a resguardo

Las galerías de Nueva York solían estar llenas de gente, curadores, artistas, todo el movimiento que conlleva de una ciudad que funciona como un centro de la creación en las artes visuales.

En un contexto de pandemia, la ciudad de Nueva York, cruzada por una devastadora situación dada por las desalentadoras cifras de muertes que ha provocado el Cod 19, medidas políticas confusas y una gran incertidumbre social, el arte parecía estar resguardado.

Se tensionó el espacio privado y el espacio público. Los artistas tomaron nuevas iniciativas y acciones que responden como un registro a este fenómeno social. Bajo este contexto, en un experimento artístico-social, trabajó la artista visual chilena María Paz Contreras, de 38 años, la primera latinoamericana en exhibir en el Museo de Arte Contemporáneo de Pekín y ahora en gestar una de las primeras exposiciones en la ciudad de Nueva York en tiempos de pandemia, precisamente en el momento en que las puertas de las galerías en Nueva York están completamente cerradas.

Desafío

“Es mucho más desafiante hacer algo ahora, porque realmente es ir en contra de todo, toda la gestión presencial se paraliza”, dice la chilena.

Contreras, después de varios meses de gestión para lanzar la exposición “OVERALL THERE IS NO WALL”, se enfrentó a una situación que muchos artistas de diversos países se han sufrido: la pandemia frenó sus proyectos artísticos o la forma original que estos se gestarían.

Sin embargo, a pesar del conflictivo contexto dado en la pandemia, logró articular a artistas de diversos países para culminar la muestra que dispuso de un formato virtual.

Consenso

“Es una investigación que vengo desarrollan do hace muchos años. Originalmente iba a lanzarse la exposición con gente, personas del ámbito artístico en Manhattan, pero después de la situación actual todo parecía cancelarse porque la galería no podía abrir, y eran complejos los trámites para articular a gente de diversos países”, explica.

“La galería tenía problemas para abrirse, los artistas no podían salir, hasta que logré llegar a un consenso: una exposición sin gente a través de Zoom y diversas plataformas. Había sido mucho el trabajo para no culminarlo en algo y como artista sentí un fuerte llamado a dialogar con lo que estaba pasando y me sentía responsable de un registro de la situación. Sin duda, mi tema tenía que ver con lo ocurrido y comunicar como el arte se adapta y encuentra otros códigos de comunicación y desaparecen los limites espaciales y estéticos me parecía un suceso importante de manifestar”, dice.

La muestra se realizó en un espacio en Manhattan, con los vidrios tapados, en China Town, cerrado para el público. Diversas obras de arte llegaron en Uber a la galería, los artistas hablaron a través de Zoom, toda una experiencia nueva, sin duda, interesante de presenciar y de ser registrada.

El formato de la muestra fue de tres personas desde la galería, conectadas a Zoom, recorriendo el espacio, mostrando las diversas obras y María Paz, emitiendo a través de Zoom, con la explicación de su larga investigación del proceso artístico, mientras la audiencia dialogaba. Todo culminó con con un tour completo por la galería, shows musicales y diálogos virtuales que trataban de la convergencia de dos mundos que parecen opuestos, pero que realmente necesitan uno del otro para existir.

Visión global

“Nueva York es el mundo en una manzana y es paradójico verlo desde otra perspectiva, como un Nueva York vacío, sin vida en las calles. La cantidad de culturas que comparten en un mismo espacio permiten tener una visión más global y precisamente mi arte comparte principios y códigos muy universales y este contexto y la virtualidad lo permiten reflejar. Terminamos en un Zoom con personas de diversos países y distintas lenguas”, dice la artista.

El experimento artístico fusionó lo presencial con lo virtual y la articulación de países sin fronteras. Hacer una exposición en Manhattan vacío, en un espacio real, pero a su vez sin tener la posibilidad natural de permitir el acceso a un público, conlleva a un problema estético y a una nueva posibilidad espacial para el arte y para la audiencia.

“Creo que la estructura  total esta cambiando y a la vez las del arte. Viene algo distinto. Una manera de expresión más globalizada. La forma de mostrar arte y su llegada se hace mucho más global, no por opción sino por necesidad . Creo es fundamental comenzar a formular nuevas formas de comunicamos. Las barreras se han roto y el sistema se ha caído. Ni la izquierda ni la derecha sirven. Estamos nuevamente subordinados a la fuerza de la naturaleza”, reflexiona.

“Por eso que el contexto llevará a la artista generar una intermedialidad y hacer converger los medios virtual , fenómeno que permitirá atraer a Manhattan (China Town) a audiencia de diversos países. Lo que está cerca y lo que está lejos se ha transformado. La distancia física da lugar a un acercamiento a personas que se encuentran en lugares muy lejos que se pueden unir en una plataforma”, aclara la artista.

Kybalion

-¿Tienes una visión muy particular del arte, puedes contar como la fuiste desarrollando?

-La forma de expresión artística con la cual me siento más conectada es la pintura abstracta. Luego de haber expuesto en Chile y Nueva York, gracias a la opinión de un amigo me di cuenta que estaba desarrollando los postulados del Kybalion, un libro hermético egipcio que tiene los siete postulados de la metafísica. Esos postulados básicamente enseñan que todo tiene un lado active y pasivo. Pero que a la vez ambas fuerzas son una. La unidad y la dualidad.  Estos son los postulados que yo he ido desarrollando en el espacio. En el lado este y oeste del mundo. En oriente y occidente, encontrando un símbolo que nos una a pesar de la dualidad.

Lo que intento es integrar las fuerzas que en lo cotidiano nos parecen contradictorias. Sin embargo, sin esa contradicción no existiría movimiento, pues ambas fuerzas se necesitan para que las cosas cambien o transmuten. La finalidad de mi trabajo es romper las barreras que dividen Oriente de Occidente, encontrando una armonía o paz que pueda integrar ambos lados. Con el tiempo, he ido encontrando un sentido para mi trabajo, bajo la premisa “desvanecer la contradicción es la esencia de la paz”.

Vínculo con China

-¿Cómo se da tu vínculo con China? ¿Cómo se da un vínculo con una cultural tan distinto?

-Yo había estado viviendo en Nueva York  por cinco años exponiendo en espacios y galerías. Una amiga chilena tenía un cuadro mío y ella viajó a vivir a Shanghai. En una de las comidas que hizo ella en su casa en China invitó al ex cónsul de Chile en Shanghai, Claudio Rojas, que ha sido clave en mi carrera. Él supo lo que había estado haciendo aquí en Nueva York -y también en Colombia porque había recién expuesto un solo show en el Museo de Pereira, Colombia- y le interesó contactarse conmigo para invitarme a una muestra que tendría el Consulado en Shanghai. A esa muestra acudió Magdalena Rosell, quien era la directora del Instituto Cervantes en Shanghai  y me invitó a participar a una gran muestra, que se llamó “Artistas latinoamericanos en Shanghai”. En esa muestra exhibí junto al pintor español Juan Antonio Baños y el mexicano Francisco Hauss, pintores que ahora son mis amigos y admiro mucho. A esa exposición acudieron más de dos mil personas en total, y tuvo una increíble llegada en la prensa española y china.

-Fuiste una de la primera latinoamericana en exponer en Museo de Arte Contemporáneo de Pekín. ¿Cómo el camino artístico te llevó a eso?

-Al terminar la muestra se me acercó un chino que estudiaba Filosofia en la escuela de Pekín y se interesó muchísimo en el tema que yo estaba tratando, que es la investigación a través de pinturas abstractas de los 7 postulados del Kybalion, el antiguo texto hermético egipcio. Entonces me contactó con una profesora de filosofía china de la universidad de Nanjing y ella tuvo la iniciativa de invitarme al Museo de Arte Contemporáneo de Pekín, donde tuve un solo show con mas de 30 pinturas y fui la primera latinoamericana en exhibir ahí, y el museo compró mi pintura principal que pertenece ahora a la colección permanente del museo. La muestra se llamó “Cero, la divina ecuación del lenguaje universal”, donde  la pintura principal de la muestra se intersectó el signo cero chino (que es un símbolo alquímico que significa como lo de arriba cae abajo) junto al símbolo de la cruz, que marca el año cero mundial. Fue muy interesante, porque los chinos comparten el mismo tiempo oficial que Occidental que divide entre antes y después de Cristo, sin tener idea quien fue Cristo.

Luego de esa muestra, quedé aceptada en la residencia china Swatch Art Peace Hotel (de la cadena de relojes Swatch) que está dirigida entre otros por George Clooney y está situada en el centro de Shanghai en un hotel antiguo donde los artistas viven y trabajan durante seis meses. Ahí estuve seis meses viviendo donde pinté muchos símbolos y estudié mucho mis textos acerca del libro antiguo egipcio que estaba estudiando. Ahí, una china traductora tradujo mis textos y descubrí que el signo “7” Occidental se escribe igual al oriental pero de forma invertida y que ambos al juntarse crean otro símbolo  que significa centro.

En EEUU como artista

-El contexto de pandemia, ¿ha influido en  tu forma de hacer?

-Sí, mucho. Ha sido complejo pero a la vez me ha permitido contactarme de forma muy directa y profunda con personas que se encuentran muy lejos en el mapa físico y que sin embargo han colaborado de manera activa en ejecutar la muestra. He logrado comunicarme con gente de diversos países de forma dinámica y activa.

-¿Cómo está tu situación actual en Estados Unidos como artista?

-Llegué a Estados Unidos con la idea de renovar mi visado de artista. Lamentablemente el tema de la pandemia ha postergado esa posibilidad, y estoy con mucha incertidumbre. Lo más probable es que pronto deberé dejar Estados Unidos. Por ahora he tenido que  extender mi  permiso de estadía hasta que se presente la posibilidad segura de poder salir, ya que mi aerolínea tiene los vuelos aún cancelados.

-¿Comenzaste tus estudios de Arte en Nueva York?

-Yo me gradué de Leyes habiendo siempre querido dedicarme al arte. Y fue difícil. Y luego de graduarme vine a estudiar arte a The Art Students League of New York, la misma escuela de Jackson Pollock, Mark Rothko, Georgia O’Keeffe entre otros, donde estudié con el pintor que más admiré, Knox Martin, durante cuatro años. Él me incentivó a dedicarme por completo al arte. Pero esos dos caminos profesionales que me generaron contradicción hoy se desvanecen y puedo integrar ambas habilidades en mi trabajo actual.