En plena pandemia, el Presidente Sebastián Piñera decidió realizar un nuevo ajuste de gabinete que no toca al ministro de Salud Jaime Mañalich, sino que se aboca a intentar de solucionar una serie de flancos abiertos en el funcionamiento del equipo de ministros de Palacio y fortalecer la gestión política de Gobierno que ha sido el gran déficit de la administración Piñera.

Los cambios implicaron los nombramientos de Claudio Alvarado -subsecretario de la Subdere- como ministro secretario general de la Presidencia; de Cristián Monckeberg quien pasa de Vivienda a Desarrolo Social; y Felipe Ward quien deja la Segpres. para hacerse cargo del Minvu. Sebastián Sichel, en tanto fue designado como presidente del BancoEstado.

La posibilidad de un ajuste en el gabinete estaba instalada en la agenda política y se esperaba para marzo, dadas las críticas al funcionamiento del comité político diseñado por Piñera para enfrentar el estallido social de octubre. Sin embargo, quedó en el aire debido al impacto del coronavirus y el cambio de prioridades en el Ejecutivo, obligado por el avance de la pandemia.

Sin embargo, las luces se encendieron esta mañana cuando el Mandatario decidió suspender una pauta de prensa que tenía programada, acompañado por el ministro del Interior, Gonzalo Blumel, para presentar el proyecto de ley que fortalece la persecución y el combate de los delitos vinculados al narcotráfico. Esta cancelación más la convocatoria a todos sus ministros a Palacio para el mediodía, y la danza de nombres, confirmaban los rumores. En tanto, en La Moneda alistaron todos los detalles, y a diferencia de la puesta en escena tradicional, la ceremonia no tuvo lugar en el Salón Montt Varas, sino en el patio de la sede de Gobierno por razones sanitarias, para cumplir con el “distanciamiento social”.

Cabe recordar que el comité político instalado en octubre quebró los equilibrios entre los partidos en el seno del Gobierno, por lo que siempre estuvo en tela de juicio y desató una soterrada pugna de poder al interior de ChileVamos.

La estructura siempre estuvo en cuestionamiento, porque Evópoli fue beneficiado con los dos ministerios más fuertes –Interior y Hacienda–, y además RN quedó fuera del comité político de Palacio. Asimismo, desde la UDI se formularon fuertes críticas al peso del comité político de Palacio, sobre todo para enfrentar la crisis social iniciada el 18 de octubre.

Tomando en cuenta estos elementos se explican los cambios. En el caso de Ward, el hombre de Jacqueline van Rysselberghe siempre fue criticado por su “irrelevancia” y en definitiva no haber dado el ancho en la agenda legislativa Desde la oposición hasta parte de su propio sector, señalan que este no ha estado presente y sin muñeca política.

Los cuestionamientos a Ward se hicieron más evidentes en el último tiempo con la búsqueda del “acuerdo nacional”. Si bien la Segpres debería haber liderado el entendimiento con las bancadas en el Congreso, finalmente esa tarea ha quedado en manos de titular de Hacienda Ignacio Brines y de Interior, Gonzalo Blumel.

Su reemplazante Claudio Alvarado -ahora exsubsecretario de Desarrollo Regional-  fue subsecretario de la Segpres en el primer y segundo de Piñera. Es catalogado tanto por la derecha como quien siempre hizo la pega en el ministerio. Además por sus largos años como diputado, tiene redes y buenas relaciones con todos los partidos. Su llegada a la titularidad del ministerio tiene entonces, como objetivo, potenciar las negociaciones del Gobierno.

El desembarco de Monckeberg le permite a Piñera cerrar un conflicto interno con RN. El ahora extitular del Minvu fue presidente de Renovación Nacional y fue diputado, así que tiene un peso político específico que justifica su arribo a Palacio. Además, tiene las mismas características de Alvarado: como ex parlamentarios conocen la lógica del Congreso y tienen buenas relaciones transversales, por lo que la puesta es que lleguen a fortalecer la gestión política, lo que ha sido el gran déficit de La Moneda en esta administración.

A Sichel en tanto, le pasaron la factura por su declaración sobre la entrega de cajas de mercadería y elementos esenciales cuando señaló que las canastas llegarían al “70% del 40% más pobre”, lo que dejó en evidencia la descoordinación respecto al programa “Alimentos para Chile”.