La política tiene mucho de espectáculo. Ser conocido por los votantes es una condición vital para ganar un cargo de elección popular. Este gancho puede provenir desde el espectáculo –como en los casos de gente ligada a la música– a la pintura, la TV, o como artistas o analistas dominicales de la contingencia. Pero también el capital político puede surgir precisamente de ese redil al que, supuestamente, nadie quiere pertenecer: el de la clase endogámica de los mismos de siempre, quienes han ocupado cargos en la institucionalidad gubernamental o simplemente son “hijos de”. A todas las personas que presentamos aquí, sin embargo las une una virtud: que se presentan como independientes. Ya sea solos o como parte de una lista, conformada por “renegados” de los grandes partidos.

Suponemos que no es por el sueldo, $2,5 millones, sino por la ambición de influir en un proceso histórico que terminará en la Constitución sobre la cual descansará el ordenamiento jurídico del país por, al menos, los próximos 50 años. No obstante, hay un tema que no es menor a la hora de la suma y la resta: la multitud de independientes podría traspasarle una ventaja a las fuerzas más conservadoras frente a la centroizquierda, que le dio la victoria al Apruebo el pasado 25 de octubre.

Los distritos más codiciados son el 10 (La Granja, Macul, Ñuñoa, Providencia, San Joaquín, Santiago), el 11 (La Reina, Las Condes, Lo Barnechea, Peñalolén, Vitacura), el 8 (Estación Central, Cerrillos, Maipú, Quilicura, Tiltil, Colina, Lampa y Pudahuel) y el distrito 7 (Algarrobo, Cartagena, Casablanca, Concón, El Quisco, El Tabo, Isla de Pascua, Juan Fernández, San Antonio, Santo Domingo, Valparaíso, Viña del Mar).

La nómina es larga, pero deberá ir acostumbrándose, pues la papeleta que recibirá el 11 de abril será más extensa que una lista de supermercado.