Con música hiphop e instrumentos ancestrales, como el cultrún, la pifilca y la trutruca, entre otros, un grupo de raperos mapuches denuncia injusticias y reivindica históricas demandas pendientes con el Estado chileno, como la recuperación del territorio y el reconocimiento cultural.

El hiphop mapuche surge como un grito de protesta, también para preservar la tradición oral y el idioma.  El mapudungun -“la lengua de la tierra”- ha sido alabado por su riqueza lingüística y captó el interés de investigadores alemanes, como Félix José de Augusta, Bernardo Havestadt, Ernesto Wilhel de Moesbach y Rodolfo Lenz, quienes contribuyeron al estudio de la lengua con la invención de nuevos abecedarios.

Uno de los primeros libros de gramática mapudungun lo escribió el religioso jesuita alemán Bernardo Havestadt, quien elogió el mapudungun por su perfección y lo comparó con idiomas europeos contemporáneos.

Lejos de la tierra

El hiphop mapuche adquirió mayor notoriedad en los últimos años, debido a exponentes como Jano Weichafe, Jaas Newen, Gonzalo Luanko, Waikil, entre otros. Pero el movimiento tiene más de 30 años de historia. Surgió a finales de la década de los ’80 en campamentos poblacionales en Temuco, una ciudad en el sur de Chile.

“En esos años, nos dimos cuenta de que todos éramos mapuche o teníamos esa ascendencia. Entonces, empezamos a jugar palin -un juego tradicional de nuestra cultura- o bien, organizábamos el We Tripantu, la ceremonia del año nuevo mapuche. En ese contexto nacieron las primeras letras de rap, que rescataban la historia desde nuestro punto de vista, como, por ejemplo, el tema de la ocupación territorial”, explica a DW Carlos Alejandro Cabrera, conocido artísticamente como Jano Weichafe.

A mediados del Siglo XIX, el Estado de Chile emprendió una campaña de control y ocupación en las cerca de 11 millones de hectáreas de tierras habitadas por mapuches. Se estima que hacia 1883, el pueblo indígena había perdido el 95 % de su territorio.

“El hiphop mapuche surgió como un medio, no como un fin. Era un tema de resistencia cultural y de rescate de la identidad, porque en esos años no había programas que promoviesen el rescate del mapudungun, o que defendieran los derechos de los pueblos originarios”, cuenta a DW Jano Weichafe.

Como resultado de la ocupación territorial, cerca del 70 % de los mapuche tuvo que emigrar a las grandes ciudades. El uso del mapudungun, asimismo, se prohibió en los colegios chilenos hasta 1994, bajo el pretexto de conseguir un idioma chileno unido y estandarizado. De acuerdo a un reciente informe de la ONU, solo un 10 % de la población mapuche habla el idioma.

“En 1990 surgió la reivindicación territorial, cultural, política, también de cosmovisión. De pronto, abuelitas que llevaban 10 o 15 años sin hablar mapudungun, volvían a hablarlo en nuestras comunidades. Fue una lucha, cuyo fin era entregar un mensaje a las nuevas generaciones”, agrega en entrevista con DW Jano Weichafe.

Un rap poético

En Santiago de Chile, en 1994, siendo una adolescente, Jaas Newen escribió su primera letra de rap. Hoy es reconocida en la escena rapera de su país con tres discos editados, seis videos clips y una gira por Europa que incluyó Alemania.

“Mis amigos hacían rap, cuando también eran niños. Ellos me inspiraron a continuar esta hermosa disciplina. Lo que me atrajo del hip hop fue que cada exponente era libre en su estilo y yo también quería ser libre”, cuenta a DW Jaas Newen.

La poesía fue un primer acercamiento al mundo de las rimas. El pueblo mapuche cuenta con un semillero de destacados poetas y escritores como Elicura Chihuailaf, Leonel Lienlaf, Rayen Kvyeh, entre otros, que rescatan el idioma originario y difunden una crítica social en sus letras, al igual que en el hip hop.

“El mapudungun lo sigo aprendiendo hasta hoy. Es importante, porque ahí está la sabiduría y la cosmovisión de todo un pueblo”, asegura a DW Jaas Newen, quien explora en su música temas como la naturaleza, derechos humanos y la identidad mapuche. Actualmente, trabaja en su nuevo proyecto, titulado Panguilef Mixtape.

Sabiduría ancestral

“Trafkintun, práctica social, que nos relaciona, como pueblo, como raza, nuestro corazón fusiona y fusiona intercambiando sabiduría y voluntad (…)”, rapea Jaime Cuyanao, alias Waikil, acompañado de bajo, cajón peruano, pifilca y violín.

“Es crítica social, pero también un aporte. Puedo estar en contra del sistema económico y, al mismo tiempo, enseñar sobre el Trafkintun, una práctica social mapuche que consiste en el intercambio, donde no existe el dinero, solo el compartir y tener una relación más íntima como hermanos”, señala en entrevista con DW.

Waikil pasó su infancia junto a su abuela materna en Traiguén, en el sur chileno, donde el 30 % de su población se declara perteneciente a la etnia mapuche. Luego partió a Santiago, donde descubrió el hiphop, a través de bandas como Panteras Negras y De Kiruza. A la fecha ha editado nueve discos con su banda Wechekeche Ñi Trawün, y trabaja en un álbum como solista.

“Un día escuchaba un casete de rap gringo y casi al final de la cinta empezó a sonar música tradicional mapuche. Se vino mi abuela a la memoria y los recuerdos de cuando la acompañaba a ceremonias religiosas, como el Nguillatun, entonces, quise aprender más de mi cultura, de mi propia historia, familia y sentirme orgulloso”, cuenta a DW Waikil.

El músico agrega que el rap mapuche permite reencontrarse con la cultura: “El mapudungun trae consigo un conocimiento de entender la vida de otra forma, y eso lo abordo haciendo rap, tratando de exponer un problema social, pero también entregando una reflexión, como aprender, compartir, conversar largas horas, y que el tiempo pase volando”. (cp)